La historia de la Catrina reúne una imagen de José Guadalupe Posada, el trabajo editorial que la hizo circular y la reinterpretación que Diego Rivera llevó al mural en 1947. Para seguir esa transformación conviene distinguir la estampa, sus sucesivas ediciones y la figura de cuerpo entero que pintó Rivera.
Historia de la Catrina: la Calavera Garbancera de Posada
La imagen de Posada conocida como Calavera Garbancera presenta un busto de calavera con sombrero. Aún no tiene el cuerpo vestido que aparece en el mural de Rivera. El INBAL recoge esta distinción entre ambas representaciones.
Según Agustín Sánchez González, cuya investigación reseña la Secretaría de Cultura, apareció en octubre de 1913 en Remate de calaveras alegres y sandungueras, después de la muerte de Posada, ocurrida el 20 de enero de ese año. La reseña documenta esa reconstrucción.
La fecha requiere un matiz: un impreso fechado permite documentar la circulación de una imagen, pero no determina por sí solo cuándo se realizó la matriz ni descarta impresiones anteriores. Nina Hasegawa señala esta incertidumbre sobre la primera publicación de la Catrina en su estudio Las «Calaveras» de Vanegas Arroyo. Por eso, octubre de 1913 se presenta aquí como la datación propuesta por Sánchez González, no como una fecha comprobada de creación.
La denominación Calavera Garbancera tampoco acredita un título elegido por Posada. Conviene distinguir el dibujo de los textos editoriales que lo acompañaron: estos no constituyen por sí solos un testimonio de la intención del artista.
Editores y circulación
Antonio Vanegas Arroyo fue uno de los editores para quienes trabajó Posada. Según Sánchez González, compraba los clichés —las matrices de impresión— y reutilizaba las imágenes con distintos textos. El investigador identifica la figura en Calavera fifí (1918) y El panteón de las pelonas (1924). Estas ediciones forman parte de la circulación póstuma de la obra.
La misma investigación registra la denominación Calavera catrina en una monografía de Posada de 1930, con introducción de Rivera. Ese antecedente sitúa el nombre antes del mural de 1947, aunque no identifica por sí solo a quien lo propuso. La Secretaría de Cultura recoge las referencias a estas ediciones y a la monografía.
Un ejemplar conservado permite seguir la trayectoria de la estampa: el Metropolitan Museum of Art cataloga una impresión de 1943 incluida en 36 Grabados, obra de Posada publicada por Arsacio Vanegas Arroyo. La fecha corresponde a esa edición, no a la creación de la imagen. La ficha del Met identifica la pieza y su editor.
La revaloración artística de Posada también tuvo varios protagonistas. El Museo Nacional de Arte señala la participación de Jean Charlot, Dr. Atl, Diego Rivera, Anita Brenner y Frances Toor en la incorporación de su obra al programa artístico mexicano. Su reconocimiento fue un proceso colectivo de interpretación y difusión. El Munal explica ese cambio de recepción en Posada Transmisor.
La Catrina en el mural de Diego Rivera
En 1947, Diego Rivera realizó Sueño de una tarde dominical en la Alameda Central para el comedor Versalles del Hotel del Prado, con apoyo de Rina Lazo. En el grupo central aparecen la Catrina, José Guadalupe Posada, Frida Kahlo y el propio Rivera representado como niño. El INBAL documenta la realización, el destino original y los personajes del mural.
Rivera dio cuerpo entero a la figura y la vistió como una integrante de la alta sociedad del siglo XIX. Así convirtió el busto de la estampa en un personaje dentro de su representación de la historia mexicana. Según la interpretación de la investigadora Nadia Ugalde Gómez, colocar a la Catrina junto a Posada constituye un homenaje al grabador. El INBAL recoge esta lectura de la obra.
La aportación de Rivera se reconoce en el cuerpo, el vestuario y el lugar destacado de la figura en la composición. El registro del nombre en 1930 obliga a separar esa transformación pictórica de la historia de su denominación.
Usos posteriores
La Catrina también se convirtió en una figura representada mediante el vestuario. Un ejemplo documentado es el segundo concurso de disfraces de catrinas celebrado en el Munal el 5 de noviembre de 2017. Los participantes utilizaron bordados, terciopelo, papel, cartón y otros materiales; el vestido ganador se inspiró en las obras de Posada y Rivera. El jurado valoró, entre otros aspectos, la relación de las propuestas con el Día de Muertos. La crónica institucional describe el concurso y sus propuestas.
Este caso permite observar una reinterpretación pública de la imagen a través del disfraz. No establece cuándo comenzó esa práctica ni demuestra que se desarrollara de la misma manera en todas partes.
La estampa de Posada, sus ediciones, el mural de Rivera y las representaciones con vestuario corresponden a momentos distintos de una imagen en transformación. Su vínculo con el Día de Muertos forma parte de esa trayectoria; explicar la historia de la Catrina no equivale a explicar el origen de toda la festividad.
La distinción entre obra, edición e interpretación también ayuda a revisar otros mitos y relatos históricos muy repetidos.
