El origen de Halloween no se explica por una sola ceremonia antigua. Su historia reúne antecedentes estacionales irlandeses, fechas del calendario cristiano y costumbres que cambiaron al llegar a Estados Unidos. Los disfraces, las calabazas y los recorridos para pedir dulces pertenecen a ese proceso de transformación; no son pruebas de una celebración que haya permanecido intacta durante siglos.
Para entender cómo se formó la fiesta del 31 de octubre, conviene distinguir qué sabemos de cada época y hasta dónde permiten llegar las fuentes.
Antecedentes y límites de las fuentes
Samhain y el paso hacia el invierno
Samhain es un antecedente relevante en la historia de Halloween. En el calendario irlandés señalaba una transición estacional hacia el invierno. Sin embargo, conocer su lugar en el año no equivale a conocer con precisión todas las ceremonias que pudieron acompañarlo antes de la cristianización.
La historiadora Lisa Bitel advierte que los testimonios disponibles son escasos y no sostienen muchas de las certezas que circulan sobre la celebración. Por eso, describir Halloween como un Samhain simplemente rebautizado reduce una historia compleja a una continuidad que no está demostrada. El análisis de Bitel, publicado por USC Dornsife, permite separar el antecedente estacional de las interpretaciones posteriores.
Lo que cuentan los relatos y lo que pueden demostrar
La literatura irlandesa sí relaciona Samhain con acontecimientos sobrenaturales. En Echtra Nerai, conocido en traducción como Las aventuras de Nera, la acción incluye un cadáver que habla y un viaje al otro mundo. Son episodios inquietantes situados en la noche de Samhain.
Pero un relato literario no es una descripción directa de ceremonias precristianas. La edición y traducción de Kuno Meyer documenta esos motivos narrativos; no demuestra que todas las comunidades celebraran los mismos ritos o compartieran idénticas creencias.
La misma cautela vale para las costumbres recogidas mucho después. Una linterna documentada alrededor de 1900 acredita una práctica en ese contexto, pero no basta para atribuirle dos milenios de antigüedad. Reconocer esos límites ayuda a explicar la historia sin rellenar sus vacíos con leyendas presentadas como hechos.
Transformaciones históricas
¿De dónde viene el nombre Halloween?
Halloween deriva de All Hallows’ Eve, también escrito All Hallows Eve: la víspera de Todos los Santos. El nombre sitúa la celebración del 31 de octubre en relación con la festividad cristiana del 1 de noviembre.
Según el historiador Kyle Smith, Gregorio IV consolidó durante el siglo IX la celebración de Todos los Santos el 1 de noviembre, una fecha que ya se observaba en distintas regiones europeas. Smith también señala la debilidad de la evidencia para explicar esa decisión como una operación destinada a suprimir Samhain. La cercanía de las fechas, por sí sola, no demuestra esa intención. Así lo expone en su análisis publicado por University of California Press.
También conviene distinguir Todos los Santos, el 1 de noviembre, de la conmemoración de los fieles difuntos, el 2 de noviembre. Son observancias diferentes. Su proximidad ayuda a comprender el calendario de estas jornadas, pero no las convierte en una misma festividad.
La migración y los cambios en Estados Unidos
Durante el siglo XIX, la inmigración llevó costumbres festivas británicas e irlandesas a Estados Unidos. Allí encontraron nuevos entornos sociales y adquirieron otras formas. La fabricación y venta de disfraces, adornos y dulces contribuyó después a transformar la celebración, como explica Lisa Bitel.
La migración fue, por tanto, una parte del proceso, no el traslado de un conjunto de rituales inmutables. Para comprender el Halloween moderno hay que considerar tanto las costumbres que viajaron como los cambios que experimentaron en su nuevo contexto.
De las linternas de nabo a las calabazas
Un objeto del National Museum of Ireland permite observar esa historia a escala local. En 1943, el museo recibió una linterna de nabo enviada por una maestra de la zona de Fintown, en Donegal. La donante explicó que ese tipo de linterna era habitual en la localidad alrededor de 1900.
La pieza expuesta es un modelo de yeso realizado y pintado por Eileen Barnes, una distinción importante para entender qué conserva el museo. Su ficha de colección sobre la linterna de nabo presenta la calabaza tallada como un desarrollo estadounidense de esta tradición. El registro permite explicar la adaptación, aunque no establece quién hizo la primera linterna ni cuándo se inventó.
Llegada a la cultura popular
Cómo los dulces ganaron protagonismo
Los recorridos para pedir obsequios, conocidos en inglés como trick-or-treating, ganaron popularidad en Estados Unidos durante la década de 1950. Según la síntesis de la Library of Congress sobre las tradiciones de Halloween, los regalos no se limitaban a las golosinas: también podían incluir frutas, nueces, monedas y juguetes.
La industria promovió dulces pequeños envueltos individualmente, que fueron adquiriendo un lugar destacado en la celebración. Este cambio muestra cómo una práctica festiva puede transformarse mediante los productos disponibles y las formas de consumo.
No hay que confundir esa expansión documentada en el siglo XX con la demostración de un origen único. Las conexiones propuestas con antiguas ofrendas o costumbres europeas de pedir alimentos no bastan para reconstruir una cadena continua hasta cada recorrido infantil moderno.
Halloween y Día de Muertos: diferencias sin simplificaciones
La cercanía de las fechas suele provocar comparaciones, pero Halloween y Día de Muertos no son nombres intercambiables. En las prácticas modernas de Halloween aquí descritas destacan los disfraces y la petición de obsequios. Por su parte, las fiestas indígenas dedicadas a los muertos que documenta la UNESCO conmemoran el retorno transitorio de familiares y seres queridos fallecidos mediante ofrendas, alimentos, flores y atención a altares y tumbas.
Esa descripción corresponde a las comunidades recogidas por UNESCO y no agota la diversidad de las celebraciones mexicanas. Tampoco justifica dividir ambas fiestas entre miedo y afecto, o entre comercio y tradición. La comparación resulta más precisa cuando se refiere a prácticas y sentidos concretos.
La historia de Halloween se entiende mejor al mantener esas distinciones: Samhain aporta un antecedente estacional irlandés; el calendario cristiano explica el nombre de la víspera; la migración y las transformaciones estadounidenses ayudan a comprender sus formas populares modernas. Cada una de esas etapas aporta algo distinto a la celebración del 31 de octubre.
