Álvaro Obregón fue uno de los militares más eficaces de la Revolución Mexicana y una figura central en la formación del régimen posrevolucionario. Su trayectoria une dos etapas: primero, la guerra entre facciones revolucionarias; después, la construcción de un gobierno que buscó estabilizar al país mediante acuerdos políticos, reformas y una Presidencia con mayor capacidad de mando.
En este episodio de El Podcast revisamos por qué Obregón pasó de general victorioso a presidente y cómo su muerte en 1928 abrió una crisis que terminaría dando paso al Maximato.
Álvaro Obregón y el ascenso del constitucionalismo
Obregón, originario de Sonora, se incorporó a las luchas revolucionarias durante la década de 1910 y terminó convertido en uno de los principales jefes militares del constitucionalismo encabezado por Venustiano Carranza. Su capacidad para organizar tropas y adaptarse a nuevas formas de combate lo hizo indispensable en la derrota de sus adversarios.
Su gran prueba llegó en 1915, cuando enfrentó a la División del Norte de Pancho Villa. Las batallas de Celaya y otros combates posteriores destruyeron buena parte de la capacidad militar villista y cambiaron el equilibrio de la Revolución. Durante esa campaña, Obregón perdió el brazo derecho, una lesión que se volvería parte inseparable de su imagen pública.
De general revolucionario a presidente de México
Después de romper con Carranza en 1920, Obregón participó en el movimiento de Agua Prieta y llegó a la Presidencia ese mismo año. Su gobierno, de 1920 a 1924, buscó reconstruir un país agotado por la guerra y alcanzar acuerdos con fuerzas sociales que seguían armadas o movilizadas.
Uno de los rasgos más recordados de su administración fue el impulso a la educación pública. En 1921 se creó la Secretaría de Educación Pública y José Vasconcelos encabezó una política de alfabetización, escuelas rurales, bibliotecas y promoción cultural que dejó una huella duradera.
La sucesión presidencial y el regreso de Obregón
Al concluir su mandato, Obregón apoyó la candidatura de Plutarco Elías Calles, quien gobernó entre 1924 y 1928. Años después, una reforma constitucional permitió la reelección no consecutiva y Obregón volvió a competir por la Presidencia. Ganó la elección de 1928, pero nunca llegó a asumir el cargo.
El 17 de julio de 1928 fue asesinado en el restaurante La Bombilla, en San Ángel, por José de León Toral. Su muerte dejó al grupo gobernante sin el caudillo que debía regresar a la Presidencia y abrió el camino a una nueva fórmula de control político.
De la muerte de Obregón al Maximato
La desaparición de Álvaro Obregón fue uno de los factores que permitieron a Calles convertirse en el «Jefe Máximo de la Revolución». Sin posibilidad de que Obregón ocupara la Presidencia, el régimen buscó resolver la sucesión mediante presidentes interinos y una nueva organización partidista. Así comenzó el periodo conocido como Maximato.
La importancia histórica de Obregón no se reduce a sus victorias militares. También fue un puente entre el mundo de los caudillos armados y el surgimiento de un sistema político más institucionalizado. Para ampliar el contexto de la Revolución puede consultarse el INEHRM.