El origen del neoliberalismo en México combina antecedentes intelectuales con un giro de política económica a partir de la crisis de 1982. Miguel de la Madrid inició el ajuste y la apertura; Carlos Salinas profundizó esas reformas. En agosto de 1982, México se quedó sin margen.
El gobierno todavía tenía vencimientos que pagar, pero los bancos internacionales prácticamente habían cerrado el crédito. Las reservas de divisas disminuían y la deuda externa exigía pagos que ya no podían atenderse con normalidad. A mediados de ese mes, funcionarios mexicanos abrieron en Washington negociaciones de emergencia con autoridades estadounidenses, el Fondo Monetario Internacional y acreedores internacionales. El riesgo de que México no pudiera cumplir puntualmente con sus obligaciones era real.
La crisis llevaba meses gestándose, pero aquel verano dejó claro que el problema era mucho más serio que una devaluación o un episodio de falta de liquidez.
El 1 de septiembre, en su último informe de gobierno, José López Portillo anunció la nacionalización de la banca privada y el establecimiento del control generalizado de cambios. Banco de México ubica ambas decisiones en el contexto de la crisis cambiaria y financiera de 1982.
Hay algo casi irónico en que una historia sobre el neoliberalismo en México pueda comenzar con una de las intervenciones estatales más fuertes en la economía del siglo XX.
Tres meses después asumiría Miguel de la Madrid. Durante su gobierno empezaría a desmontarse una parte importante del modelo económico que había dominado México durante décadas.
Pero el neoliberalismo mexicano no nació de repente en 1982. Mucho menos fue una creación personal de Carlos Salinas de Gortari.
Sus ideas tenían una historia anterior.
Origen del neoliberalismo en México: los antecedentes intelectuales
Hay que retroceder hasta los años treinta y cuarenta.
México estaba tomando entonces una dirección muy diferente. El gobierno de Lázaro Cárdenas amplió el reparto agrario, fortaleció organizaciones obreras y campesinas, incrementó la intervención económica del Estado y culminó en 1938 con la expropiación petrolera.
Ese proyecto tuvo opositores desde el principio.
La historiadora María Eugenia Romero Sotelo ha estudiado a un grupo de empresarios, banqueros e intelectuales mexicanos que buscó construir una alternativa al nacionalismo económico surgido de la Revolución. Entre ellos estuvieron Luis Montes de Oca, Faustino Ballvé, Gustavo R. Velasco y Aníbal de Iturbide. Encontraron afinidades con las ideas de economistas de la Escuela Austriaca, particularmente Ludwig von Mises y Friedrich Hayek.
Luis Montes de Oca había ocupado cargos importantes en el Estado mexicano: fue secretario de Hacienda y director del Banco de México. A comienzos de los años cuarenta invitó a Mises a México. El economista austriaco impartió conferencias en el país en 1942; su visita reforzó, entre sectores empresariales e intelectuales, una crítica liberal al intervencionismo económico.
En 1946, la Asociación Mexicana de Cultura, integrada por empresarios, banqueros e industriales y encabezada por Raúl Baillères, fundó el Instituto Tecnológico de México, antecedente del actual ITAM. Desde su origen, la institución apostó por formar economistas y profesionistas capaces de intervenir en la transformación económica del país.
Sería exagerado afirmar que de ahí salió, ya terminado, el programa económico que México aplicaría cuarenta años después. Las circunstancias eran otras y también lo eran las discusiones dentro del propio liberalismo.
Lo que sí existía era una corriente organizada que defendía mayor espacio para la iniciativa privada, la competencia y la estabilidad monetaria, y que desconfiaba de una expansión ilimitada del Estado.
Durante décadas, esa corriente no fue la dominante.
El modelo anterior también tuvo años de éxito
El México de la posguerra construyó una economía mixta.
Había empresas privadas y capital extranjero, pero el Estado protegía la industria nacional, dirigía inversiones, financiaba infraestructura, regulaba importaciones y participaba directamente en actividades consideradas estratégicas.
La política de sustitución de importaciones buscaba producir dentro del país bienes que antes se compraban en el extranjero.
Durante el llamado desarrollo estabilizador, aproximadamente entre 1954 y 1970, México vivió uno de sus periodos más prolongados de crecimiento con estabilidad de precios. Banco de México describe esos años como una etapa de aumento sostenido del producto real, del ingreso por habitante y de los salarios reales, acompañada de estabilidad monetaria.
Eso obliga a evitar una explicación demasiado sencilla.
El modelo anterior al neoliberalismo no fue un fracaso permanente que un día tuvo que ser abandonado. Industrializó una parte importante del país, construyó infraestructura, amplió las ciudades y sostuvo durante años tasas elevadas de crecimiento.
También generó problemas que fueron acumulándose.
Muchas industrias crecieron protegidas de la competencia exterior. Persistieron grandes desigualdades sociales y regionales. El campo perdió dinamismo. El gasto público aumentó y el Estado asumió cada vez más responsabilidades empresariales.
Durante los años setenta, además, los gobiernos recurrieron de manera creciente al déficit y al endeudamiento.
Entonces apareció el petróleo.
La crisis de 1982 en México: petróleo, deuda y agotamiento del modelo
Los grandes descubrimientos petroleros cambiaron las expectativas del gobierno de José López Portillo.
México podía exportar cada vez más crudo y los bancos internacionales estaban dispuestos a prestar. Con petróleo bajo tierra y precios internacionales elevados, la deuda parecía manejable.
El gobierno aumentó el gasto y emprendió grandes proyectos. El sector privado también se endeudó en dólares.
Durante algunos años, el esquema pareció sostenible.
Después cambiaron las condiciones internacionales.
Las tasas de interés en Estados Unidos subieron con fuerza. El servicio de la deuda se volvió mucho más costoso. El mercado petrolero dejó de ofrecer las mismas perspectivas y la salida de capitales aumentó.
Para 1982, la deuda externa mexicana ya se había elevado a niveles que comprometían gravemente la capacidad de pago del país.
El país que pocos años antes había confiado en administrar la abundancia petrolera terminó negociando dinero de emergencia para evitar una suspensión desordenada de pagos.
La crisis cambió algo más que las cuentas públicas.
Cambió la discusión dentro del gobierno sobre qué tipo de economía podía seguir sosteniendo México.
Miguel de la Madrid: del ajuste de emergencia al nuevo rumbo económico
Miguel de la Madrid asumió la Presidencia el 1 de diciembre de 1982.
Al principio, muchas de sus medidas respondían a la urgencia. Había que reducir el déficit, renegociar la deuda, recuperar reservas y contener una inflación que estaba erosionando los ingresos de las familias.
Pero el sexenio terminó haciendo algo más que estabilizar.
El gobierno comenzó a reducir de manera importante el sector paraestatal.
Banco de México registra 595 desincorporaciones durante el gobierno de De la Madrid. La cifra suele confundirse con privatizaciones, pero no son lo mismo: 294 fueron liquidaciones o cierres, 72 fusiones, 25 transferencias y 204 ventas.
Ese detalle cambia la forma de contar la historia.
El Estado no puso simplemente cientos de empresas a la venta. Cerró algunas, fusionó otras, transfirió entidades y privatizó una parte de ellas. Lo importante es que la dirección había cambiado: el gobierno ya no consideraba indispensable conservar la misma presencia empresarial que había acumulado durante las décadas anteriores.
La apertura comercial avanzó en paralelo.
El 24 de agosto de 1986 entró en vigor para México su adhesión al GATT, el Acuerdo General sobre Aranceles Aduaneros y Comercio. La adhesión obligaba al país a moverse hacia reglas más abiertas y previsibles en materia comercial.
Para una economía que durante décadas había protegido su mercado interno, aquello suponía un cambio considerable.
Las empresas mexicanas tendrían que enfrentarse cada vez más a la competencia del exterior.
El giro hacia el mercado ya no era únicamente una discusión entre economistas.
Se estaba convirtiendo en política de Estado.
Una economía que todavía no encontraba estabilidad
Nada de aquello produjo resultados inmediatos.
México pasó buena parte de los años ochenta entre crisis, deuda, devaluaciones y pérdida del poder adquisitivo.
En 1986 la inflación anual llegó a 109.2%. En 1987 alcanzó 159.2%.
En diciembre de 1987, el gobierno puso en marcha el Pacto de Solidaridad Económica. Participaron representantes empresariales, sindicales y campesinos. Se combinaron medidas fiscales y monetarias con acuerdos sobre salarios, precios y tipo de cambio, además de una apertura comercial más rápida.
No fue un programa de libre mercado puro. El gobierno seguía interviniendo de manera directa para contener precios y coordinar decisiones con sectores productivos.
Pero la prioridad económica había cambiado.
El viejo objetivo de expandir continuamente la capacidad empresarial del Estado había cedido terreno frente a otro: estabilizar la economía, controlar la inflación, reducir desequilibrios fiscales y abrir al país a una competencia exterior cada vez mayor.
Por eso resulta más preciso ubicar durante el gobierno de Miguel de la Madrid el comienzo de la aplicación sistemática de las políticas que después serían identificadas como neoliberales.
Salinas heredó ese proceso.
Carlos Salinas y la consolidación del neoliberalismo en México
Carlos Salinas de Gortari llegó a la Presidencia en diciembre de 1988.
Encontró una economía muy distinta de la que López Portillo había recibido doce años antes. México ya estaba dentro del GATT. El sector paraestatal había disminuido considerablemente y la apertura comercial estaba en marcha.
Salinas profundizó esa dirección.
Uno de los cambios más visibles fue la reprivatización bancaria.
La banca había sido nacionalizada en 1982. El proceso para devolverla al sector privado se preparó durante 1990 y se ejecutó entre 1991 y julio de 1992. Banco de México registra 18 bancos subastados.
Durante esos años también se privatizaron otras empresas importantes y continuó reduciéndose la participación directa del Estado en distintas actividades económicas.
Sin embargo, algunas de las reformas más duraderas no consistieron en vender empresas.
Modificaron reglas que habían formado parte del arreglo institucional mexicano durante décadas.
El artículo 27 y el cambio en el campo
El 6 de enero de 1992 se publicó la reforma al artículo 27 constitucional.
Su alcance suele resumirse diciendo que Salinas “privatizó los ejidos”. Esa frase no describe correctamente lo que ocurrió.
La reforma reconoció mayor capacidad de decisión a los ejidatarios, permitió nuevas formas de asociación y abrió mecanismos para que determinadas parcelas ejidales pudieran, bajo ciertos procedimientos, pasar al dominio pleno. También abrió la posibilidad de participación de sociedades mercantiles en el campo y creó las bases para los tribunales agrarios.
Al mismo tiempo, cerró el ciclo histórico del reparto agrario obligatorio que había sido una de las grandes políticas del México posrevolucionario.
El cambio era económico, pero también político.
Durante décadas, la relación del Estado con campesinos y ejidos había sido una de las piezas centrales del sistema construido después de la Revolución.
Esa relación estaba siendo redefinida.
El TLCAN llevó la apertura mucho más lejos
El siguiente paso fue la integración económica con Estados Unidos y Canadá.
El Tratado de Libre Comercio de América del Norte entró en vigor el 1 de enero de 1994.
A partir de entonces, una parte importante de la apertura mexicana quedó respaldada por compromisos internacionales y dejó de depender exclusivamente de decisiones internas.
El acuerdo redujo barreras comerciales, estableció reglas sobre inversiones y propiedad intelectual y creó mecanismos para resolver controversias. México empezó a integrarse con mucha mayor intensidad a las cadenas productivas de América del Norte.
Con el tiempo, industrias como la automotriz, la electrónica y otras ramas manufactureras construyeron redes de producción en las que una pieza podía cruzar varias veces las fronteras antes de convertirse en un producto terminado.
Ese México exportador es uno de los legados más visibles de las reformas iniciadas en los años ochenta.
La autonomía del Banco de México
Otro cambio importante pasó menos por las fábricas que por las instituciones.
La reforma constitucional que otorgó autonomía al Banco de México entró en vigor el 1 de abril de 1994. Desde entonces, ninguna autoridad puede obligarlo a financiar al gobierno y su mandato prioritario quedó vinculado a preservar el poder adquisitivo de la moneda.
La experiencia inflacionaria de los años anteriores pesaba mucho.
La intención era establecer una barrera institucional entre las necesidades financieras del gobierno y la emisión monetaria.
Esta reforma ayuda a entender por qué el neoliberalismo mexicano no puede reducirse a privatizaciones.
Se modificó también la manera de organizar el poder económico del Estado.
Algunas decisiones que antes dependían directamente del Ejecutivo quedaron sujetas a nuevas reglas e instituciones.
¿Fue una imposición de Washington?
Esta es una de las discusiones más frecuentes.
México tuvo que acudir al FMI y negociar con acreedores internacionales porque necesitaba financiamiento. Esa dependencia limitó seriamente sus opciones y los organismos internacionales ejercieron una influencia real sobre las políticas de ajuste y reforma.
Pero reducir toda la transformación a un diseño externo tampoco resiste una revisión histórica cuidadosa.
Las ideas favorables a una mayor participación del mercado llevaban décadas circulando en el país. Había empresarios, economistas, centros académicos y funcionarios mexicanos que las defendían desde mucho antes de 1982.
También existe un problema cronológico con una expresión que suele aparecer en esta historia: el Consenso de Washington.
John Williamson acuñó ese término en 1989 para describir un conjunto de políticas sobre disciplina fiscal, apertura, privatización, desregulación y derechos de propiedad que consideraba ampliamente aceptadas entre instituciones económicas con sede en Washington.
México ya había entrado al GATT tres años antes y llevaba buena parte del sexenio de De la Madrid reduciendo su sector paraestatal.
El Consenso de Washington sirve para describir buena parte de aquella orientación. No explica por sí solo cómo comenzó.
La transformación mexicana surgió de una combinación de crisis interna, presión internacional, cambio generacional dentro del gobierno y una disputa intelectual que venía de mucho antes.
Qué consiguió el nuevo modelo económico
Aquí comienza la parte más discutida.
La apertura produjo resultados que son difíciles de negar.
México se convirtió en una gran economía manufacturera exportadora y se integró profundamente a América del Norte. Desaparecieron las inflaciones de tres dígitos y la estabilidad de precios terminó convirtiéndose en una condición habitual de la vida económica, salvo episodios excepcionales.
Al mismo tiempo, el balance sobre crecimiento, desigualdad y desarrollo interno sigue siendo motivo de debate. Algunos estudios críticos, como los de José Luis Calva, subrayan que el dinamismo exportador no estuvo acompañado por un crecimiento equivalente del conjunto de la economía.
México consiguió exportar mucho más.
Lo que no consiguió durante esas décadas fue crecer al mismo ritmo que durante buena parte del periodo anterior.
Esa diferencia explica una parte de la disputa política que vino después.
La alternancia no cambió de raíz el rumbo económico
La crisis financiera de 1994-1995 golpeó duramente la imagen del gobierno de Salinas, pero no produjo un regreso al modelo anterior.
Ernesto Zedillo mantuvo la apertura económica y la integración con América del Norte.
En 2000 ocurrió algo que durante décadas había parecido improbable: el PRI perdió la Presidencia.
Vicente Fox llegó al poder por el PAN.
La alternancia cambió el partido gobernante, pero no modificó de raíz la orientación económica. Lo mismo ocurrió con Felipe Calderón.
Durante el gobierno de Enrique Peña Nieto, las reformas estructurales de 2013 y 2014 incluso abrieron nuevos espacios a la inversión privada y a la competencia en sectores como energía y telecomunicaciones.
Por esa continuidad, una parte de la literatura y del debate político mexicano utiliza 1982-2018 como una periodización aproximada de la etapa neoliberal.
Es una convención útil, aunque no perfecta.
Los gobiernos de De la Madrid, Salinas, Zedillo, Fox, Calderón y Peña Nieto tuvieron diferencias importantes. Lo que compartieron fue una economía abierta, una presencia empresarial del Estado mucho menor que antes de 1982, fuerte integración con Estados Unidos y una prioridad clara por la estabilidad macroeconómica.
Si quieres seguir esa discusión en otra etapa del proceso, puede leerse también este análisis sobre Carlos Salinas y la consolidación del neoliberalismo en México.
De López Obrador a Sheinbaum: qué cambió y qué permaneció
Andrés Manuel López Obrador llegó a la Presidencia en diciembre de 2018 con una crítica frontal al neoliberalismo.
El Plan Nacional de Desarrollo 2019-2024 presentó el gobierno de Miguel de la Madrid como una transición hacia políticas neoliberales y el de Salinas como el momento de su implantación plena. También declaró expresamente la intención de construir una alternativa “posneoliberal”.
Esa periodización era la interpretación política del nuevo gobierno, no una verdad historiográfica indiscutida.
Pero el cambio de prioridades fue real.
Aumentó el salario mínimo, crecieron las transferencias sociales, el gobierno buscó fortalecer el papel de Pemex y de la Comisión Federal de Electricidad y recuperó un lenguaje de política económica en el que el Estado debía intervenir de manera más activa.
A pesar de ello, buena parte de la arquitectura construida desde los años ochenta permaneció.
Banco de México siguió siendo autónomo.
México siguió siendo una economía abierta.
La integración con Estados Unidos y Canadá no sólo continuó: el TLCAN fue renegociado y sustituido por el T-MEC, que entró en vigor el 1 de julio de 2020.
En el arranque del gobierno de Claudia Sheinbaum, el discurso oficial ha mantenido una crítica explícita al neoliberalismo. Pero la economía mexicana actual tampoco encaja fácilmente en una sola etiqueta.
El Estado busca recuperar capacidad de orientación en áreas estratégicas dentro de una economía que sigue profundamente integrada a los mercados internacionales.
Eso dice mucho sobre la profundidad de la transformación que comenzó en los años ochenta.
Cuatro décadas después, incluso los gobiernos que rechazan expresamente el neoliberalismo gobiernan sobre instituciones y relaciones económicas que aquella etapa ayudó a construir.
Para entender mejor el trasfondo político de ese debate, también puede servir esta lectura sobre la 4T y el nacionalismo revolucionario.
Entonces, ¿cuándo comenzó realmente el neoliberalismo en México?
No hay una fecha única.
Sus antecedentes intelectuales aparecen varias décadas antes de que llegara Miguel de la Madrid. Desde los años treinta y cuarenta hubo mexicanos que discutieron y promovieron ideas que limitaban el papel económico del Estado y defendían una mayor presencia del mercado.
La crisis de 1982 cambió las condiciones políticas. Bajo Miguel de la Madrid, esas ideas comenzaron a traducirse de manera sistemática en reducción del sector paraestatal, disciplina fiscal y apertura comercial.
Carlos Salinas no inició el proceso. Lo aceleró y le dio una dimensión institucional mucho mayor mediante las privatizaciones, la reforma al artículo 27, la reprivatización bancaria y la integración económica de América del Norte. La autonomía de Banco de México reforzó esa transformación en 1994.
Después, el modelo sobrevivió a la caída política del salinismo, a la crisis del peso, a la alternancia de 2000 y a varios gobiernos de distinto signo partidista.
En 2018 comenzó una etapa diferente.
No desapareció todo lo anterior. Cambiaron prioridades, discursos y algunas formas de intervención estatal, mientras otras piezas —la apertura comercial, la integración norteamericana y la autonomía monetaria— permanecieron.
Por eso discutir el origen del neoliberalismo en México sigue siendo algo más que discutir el pasado.
Detrás de la palabra hay una pregunta que México lleva casi un siglo tratando de responder: qué debe hacer directamente el Estado, qué debe dejar al mercado y cómo repartir los beneficios y los costos de esa decisión.
La crisis de 1982 cambió radicalmente la respuesta.
La discusión sobre cuál debería ser la siguiente todavía está abierta.
Banco de México: crisis cambiaria y medidas de 1982
María Eugenia Romero Sotelo sobre los orígenes del neoliberalismo en México
Historia institucional del ITAM
SRE: adhesión de México al GATT
Diario Oficial: reforma al artículo 27 de 1992
Fuentes consultadas
- Los orígenes del neoliberalismo en México.La escuela austriaca
- Historia del Banco de México
- Historia del Banco de México
- La economía mexicana en su laberinto neoliberal*
- Historia del ITAM | ITAM
- Historia, semblanza, Banco de México
- Historia del Banco de México
- Biblioteca Virtual de tratados internacionales
- Historia del Banco de México
- Legislatura LIV – Año I – Período Ordinario – Fecha 19880901 – Número de Diario: 7
- Historia del Banco de México
- 2 DIARIO OFICIAL Lunes 6 de enero de 1992 PODER
- North American Free Trade Agreement (NAFTA) | United States Trade Representative
- Autonomía, funciones, Banco de México
- DOF – Diario Oficial de la Federación
Ilustración generada con inteligencia artificial; no es una imagen documental.

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